martes, febrero 21, 2017

Reseña: Desde la oscuridad (2014)

Producción hispano-colombiana rodada en inglés, con una muy típica historia de fantasmas que involucra niños, un crimen del pasado sin resolver, y un terrible secreto por parte de un personaje cuyas consecuencias caen sobre sus descendientes, además de una típica estructura de la familia en peligro. Estos topicazos son los que llenan de lado a lado una película como Desde la oscuridad (2014), cuya única diferencia radica en su sonrojante ambientación en una exótica Colombia de postal turística que ya ha sido criticada por muchos, pero que honestamente me parece menos insultante que el montón de clichés que muestra su argumento.

Como mencionaba arriba, Desde la oscuridad abre con una pareja-joven-con-niño que viaja a la Colombia profunda para tomar el control de una fábrica fundada por el padre de uno de los personajes. De entrada la manera como representa todo un país en la forma de un pueblito idílico de casitas coloridas ubicado al lado de una selva es casi una broma, pero pronto observamos como público que el sitio no es tan idílico como pinta, puesto que la propiedad parece estar acosada por los fantasmas vengativos de unos niños con muy malas intenciones. 

No hay que ser muy espabilado para ver qué pasa aquí, y todo aquel que haya visto algunas películas de este tipo adivinará de qué trata prácticamente desde el principio, y entenderá que la aparente prosperidad de la familia se asienta sobre un terrible secreto de explotación y miseria que se ha cebado con los habitantes del pequeño pueblo y que, por supuesto, no parará hasta que la ofensa sea vengada. Únicamente la ambientación en la selva colombiana cambia el registro, ya que todo lo demás es exactamente igual, desde la pareja joven hasta la madre coraje que defiende a su niña y que sólo así logra empatizar con la misión vengativa de los fantasmas. Para ser honestos, también es cierto que la cinta no hace grandes esfuerzos por ocultar nada de esto, así que supongo que es muy consciente de su general medianía.

Y ese es precisamente el problema: no hay nada aquí que no hayamos visto antes y mejor hecho, pero la película tampoco es tan mala como para resultar memorable por los motivos equivocados. Su desarrollo es muy sencillo, su ambientación ni siquiera es interesante y su supuesto mensaje social es demasiado obvio e ingenuo para tocar cualquier fibra. Si queréis ver algo en este estilo pero mucho mejor llevado a cabo, una gran recomendación es la muy superior El espinazo del diablo (2000), de Guillermo del Toro, esta incluso contada desde una perspectiva infantil que, honestamente, le habría venido mucho mejor a la cinta de la que hablamos hoy.

lunes, febrero 20, 2017

Reseña: The Wailing (2016)

Un policía de una pequeña comunidad rural surcoreana investiga una serie de asesinatos inusuales por su carácter aparentemente arbitrario y por su tremenda violencia. Al principio se sospecha que estos crímenes pueden estar ligados a una rara enfermedad que se va apoderando del pueblo, pero pronto empieza a asomar la posibilidad de que tengan un origen sobrenatural, y nuestro policía protagonista debe darse prisa una vez que el terrible mal comienza a atacar a su pequeña hija. Hasta aquí la trama de The Wailing (2016), nuevo gran éxito del horror surcoreano, parece algo convencional, y de hecho varios de sus elementos recuerdan a otros éxitos del pasado en el cine de género de su país (tales como su estructura de thriller policial con un protagonista moralmente ambiguo). Nada más lejos de la realidad: su director Na Hong Jin ya era un nombre establecido para el momento de este rodaje, y su película de poco tiene que ver con el lado más comercial del cine de terror asiático que estamos acostumbrados a ver.

Digo todo esto porque The Wailing es una película que me vino recomendada por todos lados. Apareció en varias de las listas con lo mejor del 2016, y prácticamente todo el que la ha visto se ha deshecho en alabanzas hacia un trabajo que, lo confieso, ha puesto a prueba mi paciencia en más de una forma. El resumen que he hecho arriba en el párrafo anterior definitivamente no le hace justicia porque a medida que la trama se va adentrado en lo sobrenatural cobra una nueva dimensión que introduce muchos elementos nuevos, la mayoría girando en torno a un misterioso hombre japonés que vive cerca del pueblo y a quien Na Hong Jin convierte en la excusa perfecta para meter varias referencias a la tradición sobrenatural de la cultura budista/oriental. Todo esto hace de la cinta un trabajo muy interesante a nivel cultural y atractiva para aquellos que busquen un trabajo distinto alejado del tratamiento que el cine más convencional por lo general le da a este tipo de temas. 

Sin embargo, lo que me refería en cuanto a paciencia tiene que ver con la propia estructura de la película: en un esfuerzo por adentrarse en la evolución del protagonista (inepto, fallido y moralmente cuestionable como lo son la mayoría de los "héroes" de estos policiales surcoreanos) y en los elementos sobrenaturales de su trama, la cinta se hace excesivamente larga y reiterativa. Con 2 horas y 36 minutos, es una de las cintas de terror más largas que he visto en toda mi vida, y su duración se siente porque en ocasiones me pareció interminable y es sólo al final cuando sus elementos sobrenaturales realmente se desatan en un clímax que, eso sí, es muy bueno y será lo que al final todo el mundo recuerde. Es una lástima que para llegar allí haya tenido que pasar por todos aquellos silencios, planos del bosque y minutos de duración de algo que perfectamente habría podido durar menos.

De manera que no salí lo que se dice demasiado impresionado con The Wailing, aunque en este caso es probable que las muy altas expectativas que tenía hayan afectado mi experiencia. Lo digo porque casi todas las reseñas que había leído hasta la fecha la ponían prácticamente como la nueva Ring (1998) y al final ha resultado ser otra cosa. Sé que parece que estoy contradiciéndome porque hace poco dije que estaba más interesado en ese cine de terror lento, aburrido y atmosférico del que esta película parece formar parte, pero este caso en particular me pareció demasiado extremo y lejano para mí gusto, aunque ciertamente interesante de ver.

martes, enero 24, 2017

Un mundo propio

No llegué a anunciarlo nunca por aquí, pero desde hace poco más de un mes está disponible en Internet mi nuevo atrevimiento narrativo, titulado Un mundo propio. Se trata de algo un poco alejado de los géneros que suelo tratar, una pieza sci-fi sobre realidad virtual e invasiones alienígenas con algún que otro toque de horror, pero a pesar de lo lejos que me toca estoy muy orgulloso del resultado y les invito a que le echen un vistazo y me dejen sus comentarios en esta ficha de Goodreads que le hemos montado.

El relato está disponible en formato mobi y epub, por lo que se puede leer en cualquier dispositivo. Se puede descargar de forma gratuita en mi tienda de Selz, en Google Play, en Smashwords, en iBooks y en Lektu. También hay una versión para leer en línea en Wattpad

No suelo comentar mis trabajos por aquí pero creo que la ocasión lo amerita. Espero que os guste y, sea como sea, me encantaría saberlo.

La portada, por cierto, es obra del gran Raúl Gil, quien ha sido habitual visitante de esta casa desde hace muchos años, prácticamente desde el inicio.

domingo, enero 22, 2017

Reseña: Bajo la sombra (2016)

Si estás leyendo esto muy probablemente hayas visto Bajo la sombra (2016) incluida en numerosas listas de lo mejor del año pasado en materia de cine de terror. Si aquí no hicimos lo mismo fue en parte porque cuando la vimos allá por el verano pasado no nos dejó tan impresionados, al menos no inicialmente. De hecho, ha sido la insistencia de gran parte de la crítica mainstream la que nos ha animado a revisitarla y ver si efectivamente nos habíamos perdido una obra maestra. Aunque es cierto que este segundo visionado me ha revelado cosas que había pasado inicialmente por alto, sigo pensando que gran parte de la complacencia de la crítica ante esta película tiene que ver con su condición de producto foráneo alejado del círculo comercial tradicional, aunque la cinta en sí misma no sea muy innovadora.

Ambientada en el Teherán de finales de los ochenta, en pleno clímax de la guerra Irán/Irak (la película, sin embargo, no es iraní, sino una coproducción británica rodada en Jordania y con diálogos en farsi), en Bajo la sombra asistimos a la historia de una mujer que se refugia en un edificio junto a sus vecinos y su hija pequeña mientras su esposo es llamado al frente. A la amenaza constante de la guerra y el miedo a los misiles que aleatoriamente caen por la ciudad, se suma el peligro de una presencia demoníaca que parece haber llegado al edificio y fijado su objetivo en la niña, ante la mirada inicialmente incrédula de la madre quien poco a poco se va quedando sola a medida que el edificio se vacía y sus inquilinos huyen de la ciudad en ruinas.

La idea es muy buena, y a su favor tengo que decir que lo mejor que tiene la película es su guión, redondo y prácticamente perfecto en cuanto a estructura, sin momentos de relleno y con una genuinamente interesante progresión del hecho terrorífico. La idea de la guerra que poco a poco va cercando la ciudad es maravillosa porque realmente existe la sensación de que hay un peligro inminente que se acerca y que hace más urgente la huida de los personajes. Pero al mismo tiempo, el progresivo deterioro del edificio y la manera como se va quedando despoblado dan la sensación de otro peligro que acecha dentro de la vivienda y al cual no es tan fácil eludir. Al igual que como ocurría en Paranormal Activity (2009), el paso del tiempo se manifiesta en la repetición cíclica de ciertos elementos, en este caso la alerta de bombardeos que obliga a los inquilinos a refugiarse en el sótano durante unas horas, escena en la que cada vez que se repite hay menos gente. Esta imagen por sí sola ya contiene toda la información que necesitamos saber acerca de la situación por la que pasan los protagonistas, y está muy bien llevada en una película que en general está casi desprovista de datos inútiles: no hay ningún misterio del pasado por resolver y las "reglas" que gobiernan a la presencia demoníaca son muy básicas y están muy bien delimitadas.

Con todo y eso no es una película que yo pondría entre las mejores del año, ya que a pesar de que me ha gustado tampoco es que ofrezca nada que no hayamos visto antes en materia de cine de terror. En muchos aspectos, me recordó mucho a la japonesa Dark Water (2002), con la que tiene en común muchas cosas a nivel de ambientación y de historia, tales como su premisa de madre coraje, la idea del padre ausente y el deterioro progresivo del edificio como símbolo de lo sobrenatural (en Dark Water era una mancha de humedad en el techo y aquí una grieta en el techo). Aparte de eso, hay algunos momentos CGI un tanto pobres y el final es bastante apresurado y dejará a mucha gente con una sensación anticlimática algo molesta. Pero es sin duda una película muy buena y merece la pena por más que su reciente elevación crítica se deba (probablemente) a la tendencia que tienen algunas personas a sobreanalizar ciertas obras con el propósito de darles una intelectualidad que no necesitan. Un ejemplo de esto último es que algunas reseñas han destacado un supuesto subtexto político sobre las condiciones de la mujer en la sociedad iraní, cosa que honestamente pienso se trata sólo de un agregado superficial, sobredimensionado únicamente por el hecho de que el demonio parece ser un ente femenino. Pero sí, recomendada sin duda alguna.

miércoles, enero 11, 2017

Reseña: Before I Wake (2016)

A pesar de no ser la última en rodarse y de haber estado un tiempo perdida en un limbo esperando estreno, Before I Wake (2016) es la película más reciente de Mike Flanagan, un interesante director que hemos recomendado aquí muchas veces y que todavía, visto lo visto, tiene mucho que ofrecernos. Este largometraje, que originalmente estaba titulado Somnia (tengo entendido que incluso dejaron este título en varios países fuera de Estados Unidos) vendría a completar una especie de trilogía no-oficial de lo sobrenatural en concordancia con dos de sus trabajos anteriores, Absentia (2011) y Oculus (2014). Se trata, sin embargo, de una película muy distinta en la que incluso su clasificación dentro del género de terror queda en entredicho, siendo en cambio una especie de drama sobrenatural con algunos elementos de miedo. 

Este drama comienza con una pareja (Kate Bosworth y Thomas Jane, a quién últimamente estoy viendo en cuatro de cada cinco estrenos de terror comerciales) que ha perdido a su hijo en un trágico accidente y que decide adoptar un niño, sólo para descubrir muy pronto que este crío tiene una muy extraña habilidad: la facultad de materializar sus sueños cuando duerme. El problema, y algo que sin duda podéis anticipar tratándose de una película de este género, es que las pesadillas del joven Cody también se manifiestan en el mundo real, en ocasiones con terribles resultados. 

La idea de la que parte es muy buena, y lo bueno es que una premisa tan atractiva como esta está bien aprovechada ya desde el principio, sobre todo evitando la trampa usual en este tipo de historias al hacer del niño alguien consciente de su poder y que desesperadamente intenta ser "normal", al mismo tiempo revirtiendo uno de los principales miedos infantiles como es el miedo a la oscuridad y a esa hora justo antes de dormir donde todo es posible. Aquí ocurre al revés: el verdadero peligro tiene lugar durante el sueño, lo que al principio puede parecer una vuelta a los preceptos de Pesadilla en Elm Street (1984) pero al contrario se muestra como algo nuevo y una idea bastante original que da para mucho juego. También a diferencia de muchas otras películas, los padres adoptivos de Cody no tardan mucho en descubrir las habilidades del niño e incluso surge una muy interesante subtrama acerca del aprovechamiento de sus poderes en una forma que casi califica como explotación sentimental. Es en general un guión con unas ideas muy buenas.

Donde quizás esté el ángulo decepcionante, para algunos, es que no estamos realmente ante una película de terror sino ante una obra de fantasía oscura con un mayor hincapié en el lado dramático de los protagonistas, la pérdida del ser querido y la presencia en todo esto de un "monstruo" que en cierta medida representa el dolor de esa pérdida. En muchos sentidos me recordó mucho a Mamá (2013), aquella producción de Guillermo del Toro que ya reseñamos tiempo atrás y con la que comparte tanto sus fortalezas como sus principales problemas; al igual que en aquella película, el monstruo del que hablamos aquí está sobrexpuesto, se muestra prácticamente desde el principio y cada vez que aparece lo vemos, por lo que resulta cada vez menos inquietante. Mucho más tenebroso, en cambio, es el ambiente creado por algunos de los momentos más "felices" de la película, especialmente todo lo que tiene que ver con el recuerdo del hijo muerto. Algunas de esas escenas son sin duda las más terroríficas y memorables de todo el conjunto. 

Al igual que como suele ocurrir en el cine de Flanagan, el final es lo mejor de todo porque se niega a dejarle todo masticadito al espectador y es, en cambio, bastante ambiguo en cuanto a su resolución. En muchos aspectos es un final "feliz" pero ciertamente no es un final "fácil". Al menos carece del cinismo fatalista que suele impregnar la mayor parte del cine de terror de hoy en día, a pesar de que ocurren cosas terribles. En definitiva, es una muy buena película que por desgracia no parece haber tenido mucha repercusión, quizás por haber sido vendida como una película de miedo y por haber retrasado su estreno considerablemente debido a la quiebra de su distribuidora en Estados Unidos.

lunes, enero 02, 2017

Reseña: Poltergeist (2015)

Recuerdo que el de Poltergeist (2015) fue uno de esos remakes que se anunciaron durante muchos años; casi una década llevaba escuchando sobre él hasta que finalmente se estrenó, y no fue hasta que vi el primer trailer que acepté que, efectivamente, se haría realidad. El avance no me dejó lo que se dice muy impresionado, pero le di el beneficio de la duda al ver que su elenco contaba con Sam Rockwell, un actor muy bueno poco dado a prestarse al tipo de producción banal que la cosa auguraba. Al final, resulta que las impresiones iniciales no iban demasiado desencaminadas: esta nueva versión del clásico de Tobe Hooper hecho 32 años después es un remake bastante superficial y sobre todo innecesario ya que decide tomar el camino fácil de cambiar muy pocas cosas con respecto a su antecesora, y los cambios que sí acomete son todos para peor.

La historia es exactamente la misma: una familia en dificultades económicas se muda a una casa en los suburbios y poco a poco descubre que su nuevo hogar está embrujado. Tal como en la cinta del 82, la irrupción de lo sobrenatural en el hogar familar es al principio benévola, para luego ir adquiriendo tintes cada vez más oscuros cuando resulta obvio que los fantasmas desean apoderarse de la pequeña niña de la familia, quien es pronto secuestrada por los espíritus y arrastrada a otra dimensión donde deberá ser rescatada por sus padres, con la ayuda de investigadores paranormales que conforman el lado puramente esotérico del argumento.

En su favor debo decir que en esta nueva entrega hay un intento sincero por hacer una versión moderna de Poltergeist (1982), sólo que siguiendo la filosofía de gente que piensa que la definición de "moderna" es simplemente volver a hacer la misma película amplificando aquellos elementos superficiales de la original, es decir los efectos especiales. Esto también significa que todos aquellos detalles que en la original eran mostrados con sutileza y ambigüedad aquí son arrojados a la cara del público de forma explícita. El mejor ejemplo de esto que estoy diciendo es algo que ya sabía iba a ocurrir desde mucho antes: en esta nueva versión, a diferencia de la original, llegamos a ver el mundo de espíritus al que es arrastrada la hija menor, por supuesto en toda su gloria CGI y en tres dimensiones. El imaginario de esta zona fantasma es, además, tremendamente convencional, lo que delata el abandono de esta nueva película de los preceptos esotéricos "new age" que tanto caracterizaron a la cinta original en su contexto de los ochenta. Aquí, por el contrario, el investigador paranormal interpretado por Jarred Harris es mucho menos interesante que Zelda Rubinstein, quien se convirtió en la imagen más identificable de la saga original junto con la pequeña niña, quien también es mucho menos memorable en esta ocasión. 

Pienso aún así que la mayoría de la gente rechazó este remake por los motivos equivocados. A juzgar por las expectivas que despertó antes y después de su trailer, casi todo lo que leí al respecto fue un cúmulo de prejuicios ante lo que intuían sería sólo un entretenimiento familiar cargado de efectos especiales. Dichas quejas eran un poco absurdas porque, tal como comentábamos al reseñarla hace un tiempo, la original era exactamente eso: un espectáculo de efectos con una trama sobrenatural que nunca llegaba a ser completamente de terror sino más bien de asombro hacia lo Desconocido. En esta, todos estos elementos están suavizados a excepción de los efectos, y aunque la película sí que intenta por momentos ser terrorífica de la manera más barata posible (léase el payaso malévolo y cierta escena con un taladro), todo se siente muy desganado y tremendamente superficial, con lo que incluso la subtrama de los apuros económicos de la familia, que parecía que sería importante al principio, es dejada pronto de lado.

Esta nueva versión de Poltergeist es poco más de lo que esperaba, y verla sólo me hizo sentir una mayor reverencia hacia la original de 1982, que todavía se mantiene vigente como una muy buena historia con la que iniciar a los más jóvenes en el cine de terror. Esta en cambio se siente como otro ejemplo más de un horror mainstream plagado de sustos típicos y fantasmas agresivos con niños de por medio, con todo bien explicado y que difícilmente será recordado después.  

sábado, diciembre 31, 2016

Brevísimo ránking de horror del 2016

Estamos vivos. Hemos llegado al 31 de diciembre de este agonizante 2016 y nuevamente es la hora de recogerlo todo y ofreceros las tres películas de horror que nos han gustado más de este año. En esta ocasión quedará más patente que nunca cómo han cambiado mis gustos en lo que se refiere a cine de miedo y cuales son los Temas y estéticas que me interesan, y aunque paradójicamente ha sido el año en que más cine hemos visto, también ha sido aquel en el que hemo podido escribir menos debido a otros proyectos que han acaparado nuestra atención. A pesar de todo, no podíamos dejar de acudir a esta cita anual. Sé de sobra que las listas son un cliché, así como también sé de sobra que eso no me importa en lo absoluto. Aquí van nuestras tres favoritas, con una mención especial para vuestra favorita, que me habéis dejado bien clara en la encuesta realizada cada año.

POSICIÓN No. 3

En la tercera posición del podio tenemos a I Am The Pretty Thing That Lives In The House (reseña aquí), la primera película de terror producida por Netflix que nos trae además el regreso de Oz Perkins, director que ya se había conseguido colar en nuestro ránking del año pasado. Una de las mejores producciones del año en lo que me respecta, y una muestra de cómo se consigue escapar de los lugares comunes del terror mainstream volviendo en gran medida a los orígenes, con un ritmo, estética y temas que remiten a la obra de grandes como Henry James o Shirley Jackson. Es atmosférica, lenta y "aburrida", y definitivamente requiere un tipo especial de espectador, pero si queréis ver algo distinto, esta es la que os recomiendo.

POSICIÓN No. 2

Mucho más convencional aunque también muy contundente es nuestra segunda posición, la surcoreana Train to Busan (reseña aquí), estrenada en español por lo visto con el imperdonable título de Estación zombi. Diametralmente opuesta a nuestra entrada anterior, esta cinta de muertos vivientes es implacable en su rapidez, intensidad, y acción frenética de un tren de alta velocidad plagado de monstruos con una historia de redención familiar de por medio. Ha sido muy popular con el público allá donde se ha estrenado, y aunque muchos le han recriminado (comprensiblemente) sus concesiones al melodrama, a mí eso no me ha molestado porque con el tiempo es algo que he aprendido a aceptar como una de las constantes del cine asiático. En todo caso, es una prueba de que el subgénero zombi todavía puede dar sorpresas incluso dentro de su conocida fórmula.

 POSICIÓN No. 1

Lo mejor del año, sin duda alguna. No podía ser de otra manera: The Witch (reseña aquí) tiene todas las señas de estilo de un director veterano, por eso es más sorprendente el que se trate del debut de Robert Eggers, quien ha hecho una película de horror distinta a lo que nos solemos encontrar, tanto a nivel estético como en cuanto a las escasas concesiones que hace al cine de miedo, y sin embargo su trabajo contiene algunas de las escenas más inquietantes que hemos visto en mucho tiempo. Sin lugar a dudas mi favorita del año y muy probablemente una que estará entre lo mejor de esta década que entra ya en su fase final. Recomendadísima, aunque bien sé que no tengo que hacerlo.

MENCIÓN ESPECIAL

Os dije que no hacía falta recomendarla. The Witch ha sido también la escogida por los lectores de Horas de oscuridad como la favorita del año, en una de las escasas ocasiones en las que la opinión de los visitantes y de quien esto escribe han ido por el mismo camino. A pesar de ser poco convencional, la cinta de Robert Eggers parece haberse ganado a gran parte del público asiduo a este género, muy a pesar de la tremenda diferencia entre la opinión crítica y el público. Los resultados de nuestra encuesta, sin embargo, no mienten: 24% de nuestros lectores la han incluido entre sus tres favoritas, seguida por Don't Breathe (18%) y Train to Busan (17%). Curiosamente, The Girl With All The Gifts, que todavía no hemos reseñado, ha sido la única en no obtener ni un voto, quizás porque muy pocos la hayan visto aún.



Y eso ha sido todo en este año marcado por muertes de famosos, desastres a nivel político y blogueros con escasas actualizaciones. Nos veremos al otro lado del calendario con más, esperando que en las primeras semanas se resuelva uno de los mayores misterios de esta página: ¿cuál será la reseña número 666? Lo sabremos pronto.

miércoles, diciembre 28, 2016

Reseña: 10 Cloverfield Lane (2016)

El primer estreno importante en materia de terror que me perdí este año (al menos en su momento), 10 Cloverfield Lane (2016) es quizás menos interesante como película que como ejercicio de marketing no-convencional, algo por otro lado habitual en el cine de su productor, J.J. Abrams, y su compañía Bad Robot. En el caso de esta cinta de la que hablamos hoy, dicha campaña tuvo que ver con una genial manipulación de nuestras expectativas que vinculaban esta obra de Dan Trachtenberg (de la que no sabíamos casi nada) con la ya comentada aquí Cloverfield (2008). ¿Secuela? ¿Spin-off? Es difícil saberlo porque el trailer inicial no nos contaba casi nada, pero esa misma incógnita fue la que hizo de esta película un gran éxito, algo nada despreciable teniendo en cuenta que se rodó prácticamente en secreto, estrenándose con muy poca publicidad y encima en enero, el mes en el que Hollywood por lo general saca la basura.

Al final, y tal como nos tiene acostumbrados Abrams, todo ese misterio resultó ser algo que estaba sólo en nuestra cabeza: 10 Cloverfield Lane no tiene absolutamente nada que ver con Cloverfield, e incluso aquellas teorías que afirman que ambas películas tienen lugar en el mismo universo son sólo elucubraciones que fácilmente podrían extenderse a toda la obra de J.J. Abrams. En vez de eso es una historia propia en la que una joven huyendo de una relación fracasada tiene un terrible accidente de coche tras el cual despierta en un búnker, aparentemente prisionera de un hombre que afirma mantenerla encerrada por su propio bien, argumentando que el mundo exterior está acabando. La verdad tras este hecho, y la escalofriante posibilidad de que su captor esté diciendo la verdad, es de lo que va la película. 

Creo que si la hubiese visto en su momento mi reacción habría sido mucho más entusiasta, pero lo cierto es que me ha parecido un thriller muy eficiente que maneja y sostiene muy bien un suspenso genuino durante prácticamente todo el metraje. Gran parte de sus aciertos están en su elenco, sobre todo John Goodman, que hace el que probablemente sea uno de sus mejores trabajos hasta la fecha. Y lo mejor de todo es que, a diferencia de Cloverfield (que era en el fondo una película de monstruos muy convencional) esta es una cinta nada fácil que toma varios giros muy interesantes durante todo el trayecto. De hecho, en mi opinión es sólo al final cuando pierde algo de interés, con todo lo que ocurre posteriormente a una revelación que no voy a destripar aquí, pero que sin duda alguna fue lo más comentado en el momento de su estreno. Mi principal problema con esa revelación no tiene que ver con el brutal cambio de registro que la película sufre, sino porque dicho final alarga innecesariamente una historia que ya había terminado y que nos había dado un inmejorable clímax. Digamos simplemente que, una vez que como público hemos abandonado el búnker donde transcurre el noventa por ciento de la película, todo lo demás sobra. Podríamos haberlo justo en el momento de la Gran Revelación y habría quedado todo mucho más redondo.

Pero esto último es sólo un pequeño detalle porque justamente ahora, casi un año tras su estreno y diluida la influencia de sus expectativas y su marketing, 10 Cloverfield Lane se mantiene como una película muy atrevida y genuinamente efectiva en su minimalismo a pesar de que sus responsables hayan querido en ocasiones venderla como algo que no es. De hecho, en el cine donde se estrenó en mi ciudad la estaban dando en una sala IMAX 3D, lo cual visto la película es algo absolutamente inexplicable. 

lunes, diciembre 26, 2016

Reseña: We Go On (2016)

A menos que os la hayáis encontrado en algún festival, es poco probable que quien lea estas líneas haya conseguido ver We Go On (2016). Con esto no quiero hacer alarde alguno de exclusividad ni nada por el estilo, sino poner en evidencia que estamos ante una producción independiente muy modesta que difícilmente logre reunir el atractivo comercial necesario para un estreno fuera de su país. Esto es así también, en gran medida, porque se trata de un tipo de cine de terror que ya casi no se hace hoy en día, casi desprovisto de efectismos y que hace hincapié más bien en el lado dramático de sus personajes y en lo que produce en ellos la relación con el más allá. En el pasado hemos tenido ejemplos de películas que lo han hecho bien y otras que lo han hecho mal. Esta que tenemos hoy, por suerte, se encuentra en el primer grupo.

La trama es sin duda alguna lo mejor que tiene We Go On: en ella, un joven que sufre de una terrible depresión y de un patológico miedo a la muerte, decide poner un anuncio en el periódico ofreciendo una cuantiosa suma de dinero a aquel que consiga darle pruebas irrefutables de la existencia del más allá. Por supuesto, esta es una película de miedo, y tras algunos traspiés con charlatanes y timadores varios, nuestro protagonista finalmente se topa con más de lo que puede manejar, metiéndose de lleno en una historia de de espíritus rencorosos y dándose cuenta, de la peor manera posible, de que meterse en asuntos de fantasmas no es precisamente la decisión más sabia. Pero este argumento, que en otras manos habría sido dotado de sustos baratos y momentos claramente efectistas, consigue en esta película una interpretación mucho más sutil y afincada no tanto en los momentos de miedo (que los hay, sin duda alguna) sino en el viaje interior del protagonista y su relación con los demás, desde su madre en un principio escéptica pero que termina acompañándolo en su odisea, hasta todas aquellas personas que involucra en su demencial búsqueda.

En ocasiones anteriores realizamos alguna comparación entre esta película y El sexto sentido (1999) de M. Night Shyamalan, y la verdad es que sí se parecen mucho, y aunque We Go On resulta claramente menos estilizada y más modesta a nivel cinematográfico, sí que toca algunos de los mismos temas, aunque lo haga desde el punto de vista de los vivos. Tiene ante todo un muy buen guión, con una estructura genuinamente interesante que te hace querer saber cómo va a terminar, un detalle en el cuidado del argumento que yo personalmente no suelo ver en este tipo de cine. Esto me hizo perdonarle algunos de sus fallos como su poco interesante actor protagonista o algunos giros narrativos que se ven venir de bastante lejos.

A pesar de sus escasas ambiciones estéticas y su breve claudicación a algunos de los aspectos más superficiales del cine de fantasmas, estamos ante una muy buena película de horror sobrenatural que ciertamente merece ser más conocida. Pero insisto; no la vean esperando una muestra de terror visceral como las que abundan hoy en día porque las intenciones de esta película son otras. Aún así, vale muchísimo la pena y queda asbsolutamente recomendada por encima incluso de otras con una atmósfera más elaborada pero con ideas menos interesantes que esta de la que hablamos hoy.

domingo, diciembre 25, 2016

Algunas que debí comentar este 2016 (2 de 2)

The Eyes of My Mother. Una niña que vive con sus padres en una cabaña aislada en medio del campo es testigo un día de cómo su madre es brutalmente asesinada por un psicópata anónimo, lo cual tiene un siniestro efecto en ella que se irá agravando en su juventud. Me llevé una sorpresa con esta porque pensé que casi nadie la habría visto, pero resulta que estaba equivocado porque la he leído nombrada en muchos sitios, casi siempre destacándola como una de las mejores del año. En este sentido me temo que soy una voz discordante, porque si bien tiene grandes aciertos a nivel estético, en el fondo no deja de contar una historia y temas que ya hemos visto muchas veces en el torture-porn de principios de los dos mil de forma un tanto más efectista. Su entusiasta recepción por parte del público me ha recordado mucho a la también muy apreciada The Girl Who Walks Alone At Night (2014), no sólo por su estética de preciosa fotografía en blanco y negro, sino porque al igual que aquella película (falsamente) iraní, esta se apropia de códigos y temas del cine de terror y los disfraza bajo una fachada superficial de cine "serio" como si intentara darle una legitimidad que nadie ha pedido. Me ha gustado, pero con matices.

Under The Shadow. Y hablando de cine falsamente iraní, esta entrada un tanto más comercial resulta quizás más interesante por su ambientación en el Teherán de los primeros años de la Revolución Islámica que por su historia o las cosas que consigue hacer con ella. En muchos sentidos, es el equivalente farsi de Dark Water (2002), cinta en la que me hizo pensar muchas veces y con la que tiene numerosos paralelismos como la metáfora de abandono de un edificio que poco a poco se va quedando vacío y en un estado cada vez más ruinoso, así como la relación entre una madre y su hija acosadas por lo sobrenatural y la difusa figura del padre ausente. Tiene una estructura muy buena y me gusta que duranet la mayor parte de su metraje se niega a rendirse a efectismos baratos, aunque su final abrupto me pareció poco satisfactorio y sus numerosos guiños políticos se sienten como un agregado un tanto banal y arbitrario. Aún así, muy buena. 

What We Become. Esta cinta danesa de zombis ha ganado cierta notoriedad en todos aquellos festivales donde se ha presentado, y la verdad es que está muy bien porque centra toda la acción en un pueblo pequeño de Dinamarca en el que la llegada de la epidemia altera las vidas de todos. Hay un muy obvio cuestionamiento de las comodidades de la clase media progresista y sus endebles principios que se hace muy evidente desde el primer minuto, y aunque llegado el momento no escatima en escenas de terror con muertos vivientes, pronto queda muy claro que el principal peligro no son los cadáveres revividos sino la reacción de un gobierno autoritario contra el que sus acomodados ciudadanos no están preparados, algo que me recordó mucho a otra película de George Romero, The Crazies (1973). No tiene prácticamente nada que no hayamos visto antes y difícilmente sorprenda a los amantes de lo zombi, pero no ha estado mal.

Beyond the Gates. El éxito de la serie Stranger Things debería contribuir al interés por esta pequeña pero valiente película de terror acerca de un juego de mesa de los ochenta que arrastra a un par de hermanos a una situación límite con monstruos y una entrada a otra dimensión. No sólo el juego en sí mismo sino toda la atmósfera tiene un regusto evidentemente inspirado en otras obras del terror eighties que hemos reseñado aquí, y su componente nostálgico queda muy claro ya desde el principio, puesto que lo que reúne a los dos hermanos no es sino el desmantelamiento del otrora glorioso videoclub de su padre. Puntos extra por la presencia de Barbara Crampton como la "anfitriona" del juego y algunos momentos estéticos que son pura gloria, aunque la película en sí tampoco me ha haya impactado tanto.

Carnage Park. Lo que en un principio parece otro survival horror ambientado en el desierto americano, pronto se convierte en una de las cintas más intensas que he visto últimamente, o al menos una que me pilló en un estado de ánimo muy particular. En esta cinta, una pareja de asaltantes de bancos en fuga de la justicia toma como rehén a una chica (interpretada por Ashley Bell, a quien probablemente recordaréis por las dos entregas de El último exorcismo) y sin quererlo entran en el coto de caza de un psicópata armado hasta los dientes y que comenzará un juego de gato y ratón lleno de torturas y sadismos varios. Es una película muy violenta, con un atmósfera calurosa, abierta y asfixiante, y que sabe mantener la tensión a pesar de que la mayor parte del metraje tiene lugar únicamente entre el asesino y la final girl. Cerca del desenlace se convierte en algo demencial pero es también cuando tiene para mí su mayor atractivo. De las cinco películas que he mencionado hoy, esta es quizás la única que requiera un tipo de público muy específico, pero si sois amantes del terror físico esta sin duda alguna os va a gustar.